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Angélica La Vitola

Durante ese fin de semana, descubrí que Phil había no únicamente trabajado en los mismos lugares en los que yo luchaba por abrirme camino (periódico de la universidad, anuario de la universidad…), sino que había vivido en la misma casa donde yo residía, pero en el piso de abajo.
Aterrizé en la oficina de Marcel Saba, fundador de SABA Press Photos. Fue un meeting increíble. Entre por una puerta y salí por la otra en menos de 5 minutos. ¨Vuelve dentro de diez años¨, me dijo. Y yo que pensaba que mi trabajo era el mejor. Ya me habían dicho que un fotógrafo, necesita mínimo diez años en activo, produciendo material de forma regular, para pulir nuestras destrezas.
Setenta y cinco países más tarde, unas decenas de desilusiones y engaños, y la misma pasión por mi carrera que el primer día, aprendí, como me sugirió David Doubilet en su casa de Park Avenue, que no es llegar, sino disfrutar del camino a recorrer.
Como sucede con las recetas de comida, donde nos instan a crearlas con corazón, en el arte de la fotografía, más allá del f/8 o la lente en cuestión, es la mirada del artista, quien define su trabajo. Y no es nuestra propia percepción de la obra, como pensamos al iniciarnos en ésta tan complicada profesión, sino la del que la observa.
Es por eso que enseñando aprendo, y entregando recibo. Y no es que me haya vuelto más religioso, sino que me he vuelto más persona. Porque no lo pensemos, quienes contratan un fotógrafo, no únicamente contratan un profesional. Contratan una presencia, un carisma, un sentido del humor, una complicidad, un saber estar.
Y he aprendido tanto más de los no fotógrafos, como de los que lo son. Miro y miro. Miro y no veo. Observo.
Y en estos días me preguntaban, ¿Y cómo te gustaría que te recordaran? Diez años antes hubiera dicho sin dudar, ¨el mejor fotógrafo¨. Y hoy, el día de mi cumpleaños y revisando el blog de uno de mis fotógrafos favoritos , me atrevo, haciendo uso del poder que me otorga la globalización de la información, ¨Ese fotógrafo que nació en Zaragoza, hijo de Enrique Calvo, uno de los grandes de los medios de comunicación de la región aragonesa, loco y luchador, quien se desprendió de las vanidades en el camino, para aprender enseñando¨.
Porque como dediqué a mi madre en el prólogo del libro Hábitats, ¨el secreto del gran guerrero no es luchar, sino levantarse¨. Y esto aplica también a los fotógrafos, asentados o nacientes, a los que van y a los que vienen.
Y a la gente de medios, igual que no recomiendo lavar el pasaporte en la lavadora como hice hace unos días, no aconsejo escribir nuestras columnas en nuestro honomástico.
Y no he perdido el juicio hablando de temas no fotográficos, sino que me levanté y tuve el placer de leer una nota en el blog de mi hermano, Nano Calvo.
Siete de Octubre, el día de mi cumpleaños. ¡Click! ¡Click!
